Los Santos de la Humosa

 Esta mañana quedamos a las ocho y cinco en la cafetería habitual Chema, Rubén y yo. Jose y Jorge fallaron por tener a los niños malos. Chema propuso ir a los Santos y nosotros, pobres inoncentes, aceptamos.

La subida cansada (no deja de ser una subida) pero mucho mejor que la última vez que subí. La última vez estaba el suelo húmedo, la rueda se pega más y parece que no, pero se nota. Chema tuvo problemas con los piñones de enmedio. La cadena y los piñones ya deben estar pasados y van saltando en cuanto se hace un poco de fuerza con el pedal.

Desde Los Santos de la Humosa, bajada a Anchuelo y allí nuestro montado de bacon con queso.

La vuelta por el parque natural. Rubén se dio un pequeño golpe con otro ciclista que subía. Se vieron venir y ambos decidieron varias veces consecutivas apartarse al mismo lado, hasta que chocaron el uno con el otro sin consecuencias serias.

En Alcalá de vuelta poco después de las 11. El cuentakilómetros: 30.24 km, 14.2 km/h de media, 36.5 km/h de máxima, 332 calorías gastadas, 4247 km en total y 2 horas 7 minutos de pedaleo.

Salida a correr

 Esta mañana salí sobre las ocho y pico a correr. Hice el recorrido corto que hago últimamente cuando salgo a correr: Parque de la Juventud, Avda Virgen del Val, Calle Avila y Parque de los Bomberos. Algo más de un cuarto de hora.

Lo aguanté bien, a paso sosegado. Luego estiramientos en el Parque de los Bomberos, desayunar y paseo hasta el parque O'Donell.

Más tarde salí con Nuria, mi hija de ocho años, al parque natural con las bicicletas. Allí cogimos uno de los caminos con menos cuestas y lo seguimos según se iba estrechando hasta que fue imposible seguir por él con las bicis. Volvimos donde la caseta de la fuente y tiramos por la pista ancha que lleva a la barrera de Anchuelo hasta subir la primera cuesta fuerte. Allí nos dimos la vuelta. En total 16 km.

Atravesando sembraos.

Esta mañana quedamos Rubén, Jorge, Jose, Chema y yo en la cafetería habitual a la hora habitual. Jose y Chema se entretuvieron un rato instalando un cuetakilómetros en la bici de Jose. Una vez terminadas las "obras", nos pusimos en camino, dirección Daganzo, pensando que el río no llevaría demasiada agua, ya que hace tiempo que no llueve.

Nos llevamos una sorpresa agradable en la bajada que hay entre Camarma y el río Torote, Trasparece que la han arreglado bastante y ya no hay tanta piedra como antes. La sorpresa desagradable nos la dio el río. Llevaba mucha, mucha agua. Tanta que las piedras habituales para cruzar estaban como dos palmos por debajo del agua. Tras dar por allí unas vueltas buscando un posible paso, decidimos darnos la vuelta.

Después de subir la primera rampa, nos desviamos por un camino a la derecha y luego otra vez a la derecha, siguiendo a Rubén. Este camino poco a poco se fue conviertiendo en sembrado. Al final, por medio del sembrado fuimos avanzando. No era complicado, el suelo estaba duro y más o menos liso, por lo que lo único extraño era el pedalear sobre la hierba y los cardos, afortunadamente, todavía verdes.

Llegando a un trozo en barbecho, Rubén y Jorge lo cruzaron caminando. Jose, Chema y yo decidimos rodearlo buscando el camino por el que seguramente habría llegado el tractor hasta ahí. No volvimos a vernos ya hasta Alcalá.

Siguiendo el camino del tractor nos acercábamos cada vez más a Ajalvir. Rubén nos dió un toque con el móvil, que ya habían llegado a Daganzo. Quedamos ocn él en Ajalvir.

El camino al final terminó otra vez en el Torote, cerca de la base aerea de Torrejón y sin posibilidad de cruzarlo. Nos pasó un avión cerquita que estaba aterrizando, ya que estabamo metidos entre las balizas buscando paso por el río.

Al final dimos un toque a Rubén y decidimos volvernos a Alcalá. Como Rubén no cogía el móvil, le dimos el toque a Jorge. Ambos estaban enfrascados con los frenos de la bicicleta de Jorge (de disco), que no frenaban. En Alcalá, entrando por la carretera de Ajalvir, nos tomamos nuestro montado de panceta en el primer sitio que encontramos que conocía Chema y que nos aconsejó.

Luego, ya llegando a casa, nos encontramos con Rubén y Jorge cerca de casa de Jose, donde le estábamos dejando.

En fin, una salida movidita. Sólo 30 kilómetros, pero alante y atrás, rodenado el río, por medio del sembrado. Por cierto, el cuentakilómetros de Jose sólo funcionó al final, después de la panceta. Le habíamos montado la base del reloj al revés (el reloj encajaba igual) y no medía. Después de la panceta lo estuivmos mirando y nos dimos cuenta del asunto, así que Jose sólo hizo los tres kilómetros dentro de Alcalá, desde la panceta hasta su casa ;-)

Ruta corta

 Esta mañana quedamos Rubén, Chema y yo en la cafetería habitual, a las ocho y cinco. Se me olvidó avisar a Jorge por correo, pero luego me enteré que no habría podido venir de todas formas, porque se había ido al pueblo.

Como amenazaba lluvia, según el del tiempo a partir de las once de la mañana, decidimos hacer una ruta corta para estar de vuelta antes. Azuqueca, Alovera, Quer, Villanueva y Meco.

La ida sin novedad, no había tanto charco como el Domingo pasado y llegamos a Villanueva sin novedad. Allí nos metimos en el bar recién descubierto que nos gusta bastante: 3 cafés, 3 bocadillos de panceta, una coca cola y un señor plato de aceitunas que nos puso de tapa sólo 11.60 €. Y digo bocadillos porque dejé que pidiera Rubén y se equivocara, en vez de pedir montados, bocadillo.

La vuelta también sin novedad, salvo un loco en coche que daba vueltas a una rotonda para ponerse detrás de nosotros y pitarnos. Luego vimos que era Jorge el del coche, que volvía del pueblo. Eso sí, Rubén creo que todavía lleva el susto en el cuerpo.

El cuentakilómetros a saber, porque a mitad de camino debí darle sin querer y se puso a cero. Así que ahora marca la mitad del camino.

Guadalajara

Esta mañana quedamos Rubén, Chema, Jorge y yo en la cafetería habitual a las nueve, una hora más tarde, para no tener que madrugar más de lo habitual, adelantaron la hora.

Amenazaba lluvia y fuimos en dirección Guadalajara, con la intención de volver en tren si era necesario. La ida sin novedad salvo por los charcos habituales que esta vez estaban más crecidos que de costumbre.

Pasado Alovera en dirección Cabanillas por la carretera, nos han hecho una rotonda nueva con una carretera nueva que dice va a los polígonos de Guadalajara. Chema nos animó a coger esa carretera para probar y fué estupenda: buen arcén y sin tráfico a esas horas. Llegamos a una rotonda cercana a la cuartel que hay por allí y que ya conocemos. Desde allí, por carretera, pasamos por debajo de la vía y la izquierda hacia la estación de Guadalajara.

Allí nos esperaba nuestro mondado de bacon y nuestro cafetito (alguno vinito).

La vuelta por el mismo camino, Rubén y Jorge se adelantaron. Rubén se acabó quedando atrás y lo cogimos Chema y yo. Jorge, más fuerte, siguió delante a una buena distancia hasta que se despistó y se dedicó a dar vueltas a una enorme rotonda.

La vuelta sin más novedad, salvo en el charco gordo que hay llegando a Alcalá. Como por la acera iba una pareja, en vez de ir pegado a ella, para no salpicar, me metí un poco más al centro de la carretera, donde el charco es algo más profundo. Al final pie al charco y mojadura en los playeros.

El cuetakilómetros: 53.72 km, a 19.4 km/h de media, 39.6 km/h máximo, 732 calorías, 4125 km totales y 2 horas 45 minutos de pedaleo.

Un poco de footing

La caída de los gigantes Esta mañana me decidí a salir a correr, el suelo estaba mojado, pero el cielo parece que estaba bastante despejado. Salí pasadas las ocho con intención de correr despacio y no mucho tiempo, lo que el cuerpo buenamente aguantara después de tanto tiempo sin correr.

A la Plaza de La Juventud, Avenida Virgen del Val, Calle Cuenca, Calle Avila y al parque de los bomberos por la Calle de Córdoba. Posiblemente algo más de un cuarto de hora corriendo.

En el Parque de los Bomberos hice mis estiramientos y luego a desayunar. Me llevé para leer la novela "La caída de los Gigantes" de Ken Follet y la camarera se partió de risa. Me dice que cada día llevo novelas más gordas.

Luego un paseo hasta el parque O'Donell y vuelta.

Marchamalo

Esta mañana quedamos Jorge, Chema y yo en la cafetería habitual para nuestro paseo en bici. Esta vez Rubén falló porque dicen la malas lenguas que "anda de novias".

Para evitar barro decidimos tirar hacia Guadalajara o Marchamalo, siguiendo casi siempre las carreteras, que los Domingos no tienen demasiado tráfico. El único charco grande que pillamos fue el del camino de la Magdalena. La ida bien, despacio por el viento en contra. En la rotonda que hay en Cabanillas decidimos tirar hacia Marchamalo en vez de Gudalajara, ya que la distancia debía ser más o menos parecida.

En Marchamalo nuestro montado de bacon con queso y cafés con leche/vinitos.

La vuelta, esta vez con el viento a favor y cuesta abajo se hizo en un pis pás. Llegada a Alcalá sobre las doce y algo.

El cuenta kilómetros: 56.74 km, 18.8 km/h de media, 40.6 km/h de máxima, 775 calorías gastadas, 4072 km en total con la bici y 3 horas de pedaleo.

Algo de barro

Esta vez salimos en Sábado porque tenía que trabajar Chema en la noche del Sábado al Domingo. Como el Sábado hay más tráfico, nos buscamos una ruta en la que la mayor parte del tiempo fuera camino, sin carretera. Decidimos seguir el canal de regadío del Henares.

Salimos hacia Meco y allí, en la carretera que va hacia Azuqueca cogimos el camino paralelo al canal de regadío. Siguiendo el camino nos encontramos una obra con todo embarrado. Allí metí el pie el barro, Rubén se dedicó a hacer malabarismos por el borde del canal y Chema, ¿cómo no? se arreglo para pasar sin ensuciarse lo más mínimo.

Más adelante, poco antes de Alovera, otra nueva obra nos hico bajarnos de la bici para pasar a pie por debajo de un tunel. Ahí al menos no había barro. Desde allí ya sin novedad hasta Cabanillas del Campo, donde nos tomamos nuestro montado de panceta en un bar que no estaba la última vez fuimos.

La vuelta la hicimos por el mismo camino, pero llegando a Alovera nos desviamos por carretera a Quer, con la intención de evitar el barro de la obra que pillamos a la ida. Pero en todos lados cuecen habas, quiero decir, en todos lados crece el barro. En Quer hay dos caminos que llevan a Villanueva, uno hacia la derecha, con más sube y bajas y en principio pensabamos que más barro. El otro, subiendo por detrás de unos chalets nuevos, una recta con piedras hasta Villanueva. Nos decidimos por el segundo totalmente seguros de que tendría menos barro. Y menos mal que ese era el que tenía menos barro, si no, no llegamos.

En Villanueva cogimos la carretera sin tráfico y con obras que lleva a Meco y desde allí a Alcalá. Una ruta corta en la que tardamos más tiempo de la cuenta al ir lentos por el barro.

Casi a Valdeavero

 Esta mañana quedamos Rubén y yo a las ocho y cinco en la cafetería habitual. Como el pronóstico del tiempo decía que iba a llover sobre la una del mediodía, decidimos hacer una ruta corta ... sí, sí, lo del tiempo es una excusa, la realidad es que cada día somos más vagos/metro sexuales.

Salimos en dirección Meco, aunque no cogimos el camino lateral del cuartel de la brigada paracaidista porque el puente del final está en obras y no se puede pasar, así que por la carretera de Meco hasta la rotonda y allí a la izquierda. Quisimos experimentar y en vez de seguir hasta la residencia de ancianos, nos metimos a la derecha justo después de la gasolinera que hay en la misma rotonda de la carretera de Meco, camino por el que ya habíamos vuelto en alguna ocasión.

Llegando a la carretera que tira hacia Camarma, decidimos intentar acortar y en vez de seguir la carretera todo el rato, casi al principio nos metimos a la derecha por un camino de tierra. El camino acaba en un sembrado y tuvimos que volver atrás un trozo, hasta otro camino que al final nos acaba llevando al puente de siempre que pasa sobre la R2. En fin, que no se acorta.

Luego Meco y camino hacia Valdeavero. En la parte alta, en vez de bajar, cruzamos la carretera y seguimos de frente por un camino, luego a la derecha, hacia Villanueva. Allí nuestro café y montado de bacon. La verdad que el hombre del bar es algo serio, pero muy amable, nos puso un par de platos de pincho y al pedirle Rubén un vaso de agua, abrió una botella que no nos cobró.

La vuelta por la carretera sin tráfico hacia Meco y en Alcalá sobre las 12:00.

El cuenta kilómetros: 45.17 km, 17.1 km/h de media, 37.2 km/h de máxima, 507 calorías, 3960 km totales con la bici, 2 horas 38 minutos de pedaleo.

Una carrera

 Esta mañana salí a las ocho y media a correr. Fuí hacia la Plaza de la Juventud y luego por la zona de los chalets, a un ritmo normal tirando a lento. La carrera fue corta por la falta de entrenamiento, algo más de un cuarto de hora.

Luego estiramientos en el parque de los Bomberos, a desayunar y un paseo hacia el centro.

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